
Dos fuerzas tan poderosas intentando predominar en un simple mortal, cada cual intentando dominar, además del propio, el territorio opuesto. Es raro, casi imposible, verlas en armonía, pero la perfidia naturaleza del demonio interno consiguió, mediante sus tretas, que esto sucediera.
El demonio actuó premeditadamente, lo configuró todo para que sucediera así, él utilizó tan buenos fundamentos que logró obtener la ayuda de su opuesto, consiguió que todo fuese una confabulación, dos fuerzas contrarias que aceptaron las necesidades mutuas y consiguieron el placer común.
Pero sería una clara injusticia culpar a la maldad, ya que, ella no tuvo que apelar a muchos trucos para convencer a la bondad, de hecho, esta anhelaba escapar tanto como ella, incluso, se podría suponer que esta lo intentó anteriormente diseñando sistemas sin buenos resultados. La diferencia, creo, radica en la falta de perseverancia de la bondad, por su naturaleza obvia, dejó de lado sus deseos mundanos desplazando de manera olímpica el encanto de volar, persuadiéndose de que no era su destino, la maldad, en cambio, nunca concedió un centímetro a la conformidad, fraguó todo desde el principio, imaginó escenas, creó metas, proyectó situaciones y trabajó con las pocas plumas que traía el viento y que su antagonista no quiso ver.
Ambas, en definitiva, volaron con sus fantasías, fantasías sostenidas con un poco de hilo y cera, ¿error o acierto? Lo ignoran, pero, sólo rozar al sol fue una experiencia endemoniadamente buena y el simple mortal, quizás, nunca caerá al suelo.
1 comentario:
ahá, just a men po pollo!
me gustó y eso que esperaba leer algo sobre la tola. En fin,después de todo esto, Palamita, escribess bien
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