La locura se presento en forma de Brighella frente a sus
ojos e inundó su mente con imágenes de otros tiempos.
No otros tiempos propios, sino de tiempos remotos, de épocas
donde los navegantes usaban las
estrellas para encontrar su destino.
Y esas visiones fueron exóticas y en extremo tentadoras.
Ya sin control de sus movimientos se vio por viajes a través
de túneles interminables, se vio navegando en el Argo y consiente de ser hijo
del herrero desterrado, finalmente se vio yendo al encuentro de las sirenas
protegido por la música que emanaba de Lira de Orfeo.
Y esto último resultaría ser un regalo de Brighella que reía
satíricamente, conociendo de antemano el destino del desdichado mortal.
Mientras las sirenas volaban alrededor, acercándose de vez
en cuando para incrementar los deseos del viajero interdimensional, éste comenzó
a aceptar la fragua del Zanni se dejó llevar en este Teatro sólo para locos.
Y si Bacco hubiese estado ahí de seguro habría aplaudido y
de sus genitales hubiese expulsado bakcheia que llegaría en forma de sudor a las caras de los presentes...

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