martes, 18 de noviembre de 2008

La hora del té


Me siento nuevamente en esa habitación en color sepia, en donde el polvo no es barrido, se escucha tu barrer de las hojas de parrón, en el patio, siento como en la cocina de adobe se preparan cazuelas con chuchoca y como el olor del pasillo recien encerado se cuela por debajo de la puerta, mientras yo sigo mirando el techo en tonos cafes, formando figuras con las fisuras de las tablas y a la vez, estoy ideando como llamar la atención de aquella rubia, ojos color cielo, que se besa con todos y no tiene verguenza de subirse las faldas.

La hora del té se acerca, pero siempre te he pedido café y sabes que lo extraño, sabes cuanto lo extraño.

Me levanto con mis pequeños pies morenos descalzos, para pinturrajear la planta de estos con la cera, correré al patio donde tu barres, para sentir la tierra entre los dedos y para ver a aquel perro callejero, que es de la casa y del pasaje a la vez, me hará fiesta y de espaldas se tumbará, poniendo ojitos chinos al sol, para que yo le acaricie el vientre.

El mundo ya no es color sepia y a la hora del té ya no hay sorpresas, pues solo hay té, no hay polvo que se acumule, porque esos cuartos ni siquiera existen.

El mundo se ha vuelto hostil y ¿donde estás tú?
¿ah?

1 comentario:

Palamento dijo...

Cuando empece a leer crei que era del Dani WN!!!
Parron... Cazuela... Pasillo encerado... techo cafe (casi todos los techos son cafes), etc...
Ahora lo de los pies morenos... me mostro la verdadera identidad, eso y el "simplemente negro" que aparece al final

nos vemos Don Charli